La parábola del odre y el vino*

(Noticia elaborada por el autor con la inestimable ayuda del Blog No Más Mitos Cristianos http://nomasmitos.blogspot.com.es/2008/05/odres-viejos.html)

En tiempos bíblicos, hablar de odres era mencionar los recipientes básicos usados para contener aceite, queso o vino. Se elaboraban a partir de piel animal, normalmente de cabra u oveja, aunque se utilizaban a veces animales mayores para recipientes de más capacidad.Estos pellejos, normalmente eran pieles enteras, cuyas extremidades se cosían con cuidado, dejando una de ellas abierta, sobre la que se colocaba el tapón o cierre. Luego se curtían con un delicado proceso, para asegurar el punto exacto de flexibilidad e impermeabilidad…

Partiendo de aquí, es digno de mención el Evangelio de Mateo, capítulo 9 y versos 16 y 17: “Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva, porque el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, se reventarán los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán. Más bien, el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así ambos se conservan.”

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Barricas de roble en Adegas Moure, Ribeira Sacra

El pasado sábado  18 de Febrero, nuestro ministro don Luis de Guindos declaraba en la Cadena COPE que uno de los principales problemas que tiene España son los parados de larga duración, que no tienen la formación que se demanda. Hay que invertir en formación para que sean demandados y encuentren empleo.  Agradeciendo enormemente sus palabras en la más importante cadena de radio española por su implicación social, vaya por él este blog.

El autor del blog “No más mitos”, dice: Jesús, aparte de todas la “interpretaciones espirituales” que queramos darle a esta parábola, la compartió en un momento determinado, con unas personas definidas, y debiera ser esta la base para interpretar el principal sentido que dicha parábola tiene, no por contradecir los otros, sino por extraer el principio fundamental con el que Jesús nos quiso instruir usando esta historia. Si piensas por ejemplo, que hemos de esforzarnos en cambiar, que hemos de ser un odre nuevo para poder así recibir así ese vino (que en Su parábola es el Espíritu Santo), entonces estás contradiciendo la propia Biblia, pues ¿Acaso tienes poder en ti mismo para nacer de nuevo? ¿Piensas que con tus fuerzas puedes producir tal cambio en tu vida por ti solo? Si fuera así ¡No necesitarías el Espíritu Santo!

Entonces, cualquier otra interpretación similar a esta, que te lleve a creer que tu “tremendo esfuerzo personal” por cambiar y ser mejor, es el camino para estar así preparado para recibir más del Espíritu, entonces estarías negando cosas básicas como que ese poder explosivo para poder cambiar no sale ni de tu valía, ni de tu carne, ni de tu esfuerzo, sino de la fe que cree y espera la presencia de la persona divina en ti para recibir ese poder que te puede cambiar para bien y hacerte efectivo y aprobado. Confirmando esto, hay textos muy conocidos como los de Hechos 1:8; 2ª Timoteo 1:7; Tito 3:5; Romanos 12:2. 

Hemos de notar también que no era puesto como ejemplo un cántaro de barro, ni otro recipiente similar. Jesús usó el ejemplo del odre porque es un recipiente especial, dado que si echas vino en una vasija de barro, la forma de este líquido se adapta al recipiente, y si lo echas en un odre viejo, pasa lo mismo ¿Por qué? Porque la única diferencia entre un odre viejo y uno nuevo, es la flexibilidad que tiene el segundo, pues el primero se ha endurecido con el paso del tiempo. Pero si llenas un odre nuevo con vino, el odre se adapta poco a poco a la forma del vino, y no al revés, lo que permite que la fermentación del mismo tenga un lugar suficiente y bien preparado, gracias a esa flexibilidad, a que es maleable.

¡Y eso se lo estaba diciendo Jesús, entre otros, a uno fariseos caracterizados por su inflexibilidad e intransigencia!

Entonces, la clave está en saber quién se adapta a quién, el contenido al molde o el envase al líquido, lo de dentro o lo de fuera. ¿Quién vence? ¿La estructura intransigente o el Espíritu de vida y libertad?

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Viñedos en terraza de Adegas Moure, en la Ribeira Sacra (fotos del autor)

Es curioso que esta parábola no la dirigió Jesús ni a sus discípulos, ni a una multitud “pecadora” y necesitada de un gran cambio espiritual. Se dirigió a un grupo de fariseos y de discípulos de Juan el Bautista, gente acostumbrada a una disciplina de cumplimientos y privaciones para alcanzar la justicia por medio del sometimiento a las leyes y normas establecidas… Los fariseos, sobre todo, no solo eran exigentes y radicales con el cumplimiento de la ley, sino que la habían “ampliado” con ritos y ceremonias que se transformaron en cargas para el pueblo que se declaraba incapaz de cumplir con todo ello.

 

Como cristiano convencido desde hace muchísimo tiempo, mi fe en el Espíritu Santo me provee los principios para comprender y la visión para asimilarlo en beneficio propio y, mucho más importante, en ayudar a mis semejantes. Por eso me dedico a la formación y a ayudar a los parados a descubrir (que no solo a encontrar) empleo. Pero mis creencias y yo no éramos la cuestión. Volviendo ya a la declaración realizada por nuestro excelente -y no es solo mi opinión- Ministro de Economía, la pregunta es obvia: ¿Los parados de larga duración, son odres viejos u odres nuevos? ¿Estamos dispuestos a empezar todo de cero o nos conformaremos con poner “parches” a lo que ya tenemos? ¿es tan sencillo como inducir formación a estas personas para hacerlas empleables?  Con todo el respeto a la opinión de don Luis de Guindos, pensamos que en este caso, no. Porque los parados de larga duración, por serlo, llevan más de un año en el paro; y eso son más de 52 semanas de dolor, de estupor y sí: “miedo” ante un destino sobrevenido en muchos casos por sorpresa, que les deja destrozados e inánimes durante mucho tiempo, con sentimientos de soledad y angustia de ignorar cómo intentar salir de esa situación, somatizando tan ferozmente su dolor que se llega a fallecer* -y lo digo porque así lo acabo de escuchar esta misma semana a una persona muy querida- por la infinita sensación de pánico ante el paro, por ver que son rechazados una y otra vez, porque perdieron su flexibilidad y ya no son como aquellas pelotas de goma con que jugaban cuando eran pequeños; han caído, sí pero….., ya no rebotan. Y no se consigue flexibilidad sin recuperar el tejido dañado.Estas personas necesitan que se les repare su dolor, que se les fomente su resiliencia, que se identifiquen sus habilidades personales y profesionales; que se les oriente hacia profesiones tal vez distintas a las que realizaban, que se les presenten ofertas de trabajo donde ellos puedan llegar a ser competentes, que lleguen a estar convencidos de que pueden volver al mercado de trabajo porque hay una sociedad que desea contratarles si tienen las competencias necesarias. Y ahí, sí, ahí si entra en juego la formación. Acompañada de grandes dosis de reentrenamiento (la formación no es solo asistir a cursos) dirigido, apuntando a adquirir competencias demandadas por las entidades que pueden ofrecer los puestos de trabajo; de acciones de reinserción y de retención en el nuevo puesto para que sea sostenible. La productividad en el empleo no se logra únicamente con formación, siendo esta indispensable, no es suficiente. Y sin que existan incentivos a la retención del talento senior en los puestos de trabajo actuales, el vino del empleo seguirá derramándose por las grietas y agujeros del viejo odre. No pongamos vino nuevo sin reparar los enormes agujeros del viejo odre, por favor.

Estamos seguros de que el señor ministro apoya la eficacia y la eficiencia en todas las medidas que se toman para mejorar el empleo y reducir el paro; y que no preconiza que se siga derrochando euro tras euro en programas de formación no orientada a las competencias exigidas por los tiempos actuales y venideros para ver si luego esas habilidades recién adquiridas con el precioso dinero público son requeridas, como se hacía antaño, en tiempos aun muy cercanos; hay que realizar un alineamiento preciso, muy meticuloso, basado en datos objetivos de las profesiones que son demandadas por los sectores empresariales y entidades que necesitan trabajo y talento, hay que identificar las competencias que son requeridas por esas profesiones, y hay que preparar a esas personas paradas de larga duración, una vez recuperadas moralmente de su tragedia, para formarse en esas competencias requeridas. Y trabajar para orientarles con el rigor y el respeto que merece dar a las personas la oportunidad de tener un trabajo y un salario dignos, tal como recoge nuestra Constitución.

Ese es el empeño de nuestra Asociación, esa la metodología que proponemos a nuestra sociedad. Ojalá nos escuchen y nos den la oportunidad de demostrar a gran escala que es la única eficaz y eficiente para terminar con el paro de larga duración y el paro senior en nuestra querida España.

*Dedicado a Juan Miguel, in memoriam. D.E.P.

 

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